Un resultado desfavorable en la ITV no deja el coche fuera de circulación de forma definitiva, pero sí abre un plazo que conviene tener claro desde el primer día. Desde que te entregan el informe, el vehículo solo puede moverse hasta el taller y de vuelta a la estación, y existe una fecha límite para presentarlo otra vez.
En este artículo repasamos qué significa cada uno de los resultados que puede dar una inspección, cuánto tiempo tienes realmente para subsanar los defectos, cuánto cuesta la segunda inspección en Cataluña y qué se comprueba cuando vuelves a la estación. Al final entramos también en los defectos que con más frecuencia pillan por sorpresa al conductor, y en lo que cambia cuando el coche es una herramienta de trabajo.
Los cuatro resultados posibles de una inspección
Una inspección técnica puede terminar de cuatro maneras distintas, y lo que cambia entre ellas es qué puedes hacer con el coche al salir de la estación. Así las define el Real Decreto 920/2017:
- Favorable. No se ha detectado ningún defecto que impida circular. Se valida la tarjeta ITV con la nueva fecha de caducidad y el vehículo sigue su vida normal hasta la próxima inspección.
- Favorable con defectos leves. La inspección se supera y la tarjeta se valida igual que en el caso anterior, pero el informe recoge defectos que hay que reparar. El reglamento concede un máximo de dos meses para hacerlo y no exige volver a pasar por la estación para comprobarlo. Es habitual confundir este resultado con un suspenso, y no lo es en absoluto.
- Desfavorable. Aparece al menos un defecto calificado como grave. El vehículo queda inhabilitado para circular por vías públicas, con la excepción del traslado al taller y el regreso a una estación para la nueva inspección.
- Negativa. Se han detectado defectos muy graves. El vehículo queda inhabilitado para circular y el traslado desde la estación tiene que hacerse por medios ajenos al propio coche, es decir, en grúa.
La diferencia práctica entre los dos últimos es la que más consecuencias tiene en el día a día. Con una desfavorable sales de la estación conduciendo, mientras que con una negativa el coche se queda allí esperando a que lo recojan.
Con una desfavorable puedes circular, pero solo hasta el taller
El reglamento permite mover el vehículo tras un informe desfavorable, aunque con una limitación bastante estricta. El recorrido autorizado es el que va de la estación al taller y, una vez reparados los defectos, el que va del taller de vuelta a una estación de ITV. Cualquier otro desplazamiento queda fuera de esa excepción, aunque lo hagas de camino.
Si un agente te para durante un trayecto no amparado, la sanción es de 200 euros, al tratarse de una infracción grave. Con una ITV negativa la cuantía sube a 500 euros, porque en ese caso la infracción pasa a considerarse muy grave, y además el vehículo puede quedar inmovilizado en el lugar. Ambas cuantías corresponden a las categorías que establece la Ley sobre Tráfico para las infracciones graves y muy graves.
Hay un detalle que suele pasar desapercibido y que merece la pena conocer. El reglamento establece que cualquier inhabilitación para circular derivada de la calificación de defectos se inscribe por medios electrónicos en el registro de vehículos. En la práctica, eso significa que la situación del coche se puede consultar por matrícula, sin necesidad de que nadie te pida la tarjeta de inspección en la carretera.
El plazo de dos meses empieza el día de la inspección
Este es el punto donde más gente se lía, y el error sale caro. El plazo para presentar el vehículo a la segunda inspección es de dos meses contados desde la primera inspección desfavorable, no desde el momento en que el taller termina la reparación ni desde que consigues cita. Empieza a contar el mismo día que te entregan el informe. Si localizar una pieza lleva tres semanas, esas tres semanas ya han salido del plazo.
Cuando se supera esa fecha, la segunda inspección deja de existir como tal. Lo que se realiza entonces es una inspección técnica completa, con todos los apartados revisados de nuevo y la tarifa íntegra. El propio reglamento añade que esto se hace sin perjuicio de las sanciones que pudieran corresponder.
Existe además un escenario menos conocido y más incómodo. Si el vehículo nunca vuelve a presentarse, la estación puede comunicarlo a la Jefatura Provincial de Tráfico y proponer la baja del vehículo. No es una advertencia teórica, forma parte del procedimiento habitual.
En Cataluña, los primeros quince días cambian el precio
La mayoría de artículos sobre este tema se limitan a decir que la segunda inspección suele ser gratuita. En Cataluña la regla es bastante más concreta, y saberla puede ahorrarte dinero. Estas son las condiciones que fija la Generalitat de Catalunya:
| Cuándo vuelves a la estación | Qué pagas |
|---|---|
| Dentro de los 15 días naturales siguientes, en la misma estación | Gratis, con una única inspección gratuita |
| Pasados esos 15 días y hasta los dos meses | 60% de la tarifa |
| Superados los dos meses | Tarifa completa de una inspección nueva |
Son quince días naturales, contando fines de semana y festivos, así que el margen real es más corto de lo que parece. En términos prácticos, resolver el defecto esta misma semana o dejarlo para el mes que viene puede ser la diferencia entre no pagar nada y pagar el sesenta por ciento.
Conviene tener en cuenta una condición añadida: la gratuidad de esos primeros quince días está vinculada a volver a la misma estación que emitió el informe. El reglamento estatal permite elegir libremente cualquier estación para la nueva inspección, algo que antes de 2017 no era posible, pero si cambias pierdes la bonificación, porque la nueva estación no está obligada a aplicar descuentos sobre un informe ajeno.
Qué revisan en la segunda inspección
Empecemos por la parte buena: cuando el resultado ha sido desfavorable o negativo, la segunda inspección no repite el examen completo del vehículo. El inspector comprueba los elementos que estaban defectuosos y se limita a ellos.
Ahora la parte que casi nadie explica. El mismo reglamento añade que si durante esa comprobación se detectan otros defectos, esos también determinan el resultado de la inspección según su calificación. Es una puerta abierta que en la práctica se cruza más veces de lo que cabría esperar.
Un ejemplo aclara bien la situación. Imagina que en enero te rechazan el coche por los frenos, los cambias y vuelves en marzo, todavía dentro de plazo. El inspector verifica que los frenos están perfectos, pero al hacerlo observa que el neumático delantero derecho, que en enero rozaba el mínimo legal, ahora está por debajo. El resultado vuelve a ser desfavorable, y el reloj de los dos meses no se reinicia: sigue contando desde aquella primera inspección de enero. Por eso reparar solo el defecto señalado, sin revisar lo que estaba al límite, tiene bastante riesgo.
Un último detalle sobre el informe de esa segunda visita: en él debe constar el NIF o la razón social del taller que ha realizado la reparación. Si la has hecho tú mismo, se anota como auto-reparación. Queda registrado, por tanto, quién ha intervenido en el vehículo.
Lo que detectamos en la revisión previa y el conductor no había visto
Después de cincuenta años preparando coches para la ITV en Barcelona, hay un patrón que se repite con mucha frecuencia: el conductor revisa aquello que puede comprobar desde su asiento, y buena parte de los motivos de rechazo están justo fuera de ese campo de visión. Estos son los que aparecen una y otra vez:
- El testigo que se apagó pero dejó rastro. Desde 2017 las estaciones están obligadas a disponer de herramientas de lectura de diagnóstico conectadas a la centralita del vehículo, y eso cambió bastante las cosas. Antes, si el testigo del motor se apagaba por su cuenta, el asunto quedaba ahí. Ahora la avería puede seguir almacenada en memoria y aparecer en la lectura aunque el salpicadero esté impecable. Es probablemente el rechazo que más sorprende, porque el conductor asegura con toda la razón que no tenía ninguna luz encendida.
- Luces que funcionan pero apuntan mal. Todo el mundo comprueba que las luces se enciendan y casi nadie comprueba hacia dónde iluminan. Una regulación de altura desviada resulta imperceptible al volante y en la estación se mide con un regloscopio. Un cambio de amortiguadores, un golpe leve en el frontal o circular durante meses con el maletero muy cargado bastan para descuadrarla.
- Neumáticos que cumplen por el centro y no por el interior. La profundidad se suele medir en la banda central porque es la parte accesible, y ahí el resultado sale correcto. El desgaste irregular, sin embargo, empieza a menudo por el hombro interior, que no se ve sin girar el volante a fondo. Cuando aparece así, el neumático rara vez es el problema de origen: lo habitual es que se trate de un problema de alineación que se está comiendo la rueda por dentro. Merece la pena saber cuándo cambiar los neumáticos antes de que lo decida un inspector.
- Bombillas traseras fundidas. Nadie ve sus propias luces de atrás. La de la matrícula o una de posición pueden llevar semanas fundidas sin que el conductor lo sospeche, porque desde el interior no hay ningún aviso.
- Holguras en la dirección. En las placas de detección de holguras se mueve el tren delantero con el vehículo parado, y ahí salen a la luz juegos en rótulas y bieletas que al volante no se perciben. En un coche que se mueve por ciudad, entre bordillos y baches, es de lo más frecuente.
- Emisiones justo en el límite. Trayectos cortos, un motor que apenas alcanza temperatura de trabajo y un filtro de partículas que nunca llega a regenerar del todo. El coche funciona con normalidad y sin embargo en el banco de gases arroja un valor que no pasa. Es un clásico en vehículos que solo circulan por Barcelona.
- Reformas sin homologar. Unas barras de techo, un enganche para remolque, unas luces sustituidas por led. Si la modificación no está homologada y anotada en la documentación, es motivo de rechazo por muy bien que esté el coche mecánicamente.
Los frenos merecen mención aparte, porque su deterioro no avisa. Tanto los discos como las pastillas se degradan de forma progresiva y el conductor va adaptándose al nuevo tacto del pedal sin percibir que la frenada ha perdido eficacia. En el banco de frenada esa pérdida aparece en números.
Cuando el vehículo es tu herramienta de trabajo
Para un coche particular, una ITV desfavorable es sobre todo una molestia. Cuando el vehículo genera ingresos, la cuenta se hace de otra manera, porque lo que pesa no es la tarifa de la segunda inspección sino los turnos que no se cubren mientras el coche está inmovilizado en el taller.
A esto se suma que la inspección llega con más frecuencia. Los vehículos de categoría M1 utilizados como taxi, al igual que las ambulancias y el transporte escolar y de menores, pasan inspección anual hasta los cinco años y semestral a partir de esa edad, según el artículo 6 del reglamento. Un turismo de uso privado, en cambio, está exento hasta los cuatro años. La comparación se entiende sola: un taxi de siete años pasa por la estación dos veces al año.
En el caso de los VTC, la frecuencia depende de cómo esté clasificado el vehículo en el permiso de circulación y en la tarjeta ITV, de modo que ahí conviene revisar la documentación concreta antes de dar una fecha por buena.
Con varias matrículas en circulación, el problema deja de ser técnico y se convierte en una cuestión de calendario. La pegatina del parabrisas funciona razonablemente bien para un coche, pero no para seis, porque nadie va comprobando parabrisas uno por uno. La Generalitat avisa de la primera inspección periódica a los titulares empadronados en Cataluña y de las siguientes informa la estación que realizó la última, aunque ese aviso llega al titular y no siempre a quien gestiona la flota en el día a día. Llevar un control propio por matrícula, con la fecha de vencimiento y la de la última intervención, es lo que evita encontrarse con dos vehículos parados la misma semana. Es una de las cosas que incluimos en el mantenimiento de flotas.
Cómo evitar llegar a una desfavorable
La manera más sencilla de que una inspección no salga desfavorable es que alguien revise antes los mismos puntos que va a revisar el inspector. De eso se ocupa la revisión pre-ITV, y el momento de hacerla es antes de pedir cita, no cuando ya tienes el informe en la mano.
Si ya lo tienes, el orden de prioridades es bastante claro. Mira la fecha que figura en el informe, cuenta quince días naturales desde ese día y valora si te da margen para resolverlo, porque en ese caso la segunda inspección no te costará nada. Nuestro taller de Barcelona está abierto las 24 horas los 365 días del año, en buena medida porque los plazos no esperan a que sea lunes, y cuando el coche no está en condiciones de llegar por su propio pie siempre queda la opción de que acuda la unidad móvil.